09 Marzo 2021

Salud


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Mamitis en las yeguas durante la lactación o tras el destete

Aunque la frecuencia de aparición de mastitis es mayor en yeguas lactantes y tras el destete, se pueden producir también en hembras de cualquier edad incluso sin estar en lactación.

En el Blog de Pavo hablaremos de la mamitis en la yegua, para ayudarte a prevenirla o a sospechar de su existencia.

¿Qué es la mastitis equina?

La mastitis o mamitis de la yegua es una inflamación del sistema mamario. Aparece pocas veces, y responde muy bien a un tratamiento adecuado aplicado a tiempo, gracias al cual no suele dejar secuelas, como fibrosis o pérdida de la función de la mama, que sí pueden ocurrir si nos demoramos en aplicar el tratamiento y los cuidados.

Síntomas de la mamitis

La ubre puede estar aumentada de tamaño en su totalidad o solo en una zona. Está dura, caliente y dolorida, a veces hasta tal punto que la yegua está coja o es reticente a moverse.

En las yeguas con potro es más fácil de detectar, ya que lo suelen rechazar por el intenso dolor que sufren cuando intenta mamar. Al no permitir mamar al potro, la leche puede empezar a gotear y podremos ver que cambia de aspecto, volviéndose acuosa o purulenta e incluso con rastros de sangre.

Según la intensidad de la fiebre, la yegua puede estar decaída y dejar de comer.

El dolor puede ser tan intenso que incluso yeguas más buenas pueden reaccionar violentamente y llegar a cocear cuando se les palpa la ubre, por lo tanto, toma las debidas precauciones si la vas a explorar.

Las mamitis necesitan tratamiento médico, así que debes de llamar al veterinario cuanto antes.

Tratamiento

El tratamiento lo recetará el veterinario, que también nos dirá el tiempo que debe estar el potro sin tomar la leche de la madre tras suprimir el tratamiento.

Los cuidados son muy diferentes si la mamitis se produce en una yegua en lactación o si es después del destete del potro.

Tras el destete del potro, la yegua no debe de ser ordeñada, ya que volvería a provocar el reflejo de producción de más leche, lo cual es contraproducente cuando lo que queremos es secar a la yegua.

En cambio, la yegua con potro debe de ordeñarse para que siga produciendo leche cuando el veterinario considere que el potro puede volver a mamar de la madre.

¿Qué hacer con el potro mientras tratamos a la yegua?

Mientras se medica a la yegua, el potro no debe de mamar de la madre bajo ningún concepto, pues recibiría la medicación de la madre a través de la leche.

Debe de recibir otra fuente de leche, bien de otra yegua, o bien usando leche maternizada de yegua

Prevención de la mastitis equina

Mantener la ubre limpia, pero sin abusar de jabones

Muy frecuentemente nos olvidamos de lavar la zona de la ubre cuando duchamos a nuestras yeguas, sobre todo en el medio. La parte central suele quedar oculta a la vista y para verla tendrás que separar las mamas. Cuando tocas esa zona, descubres costras de suciedad que se forman por sudor y grasas secretados por la piel, células muertas de la renovación de la dermis y porque la yegua no puede acceder a la zona para rascarse y limpiarlas. Por eso, ante el picor que produce ese acúmulo de suciedad, la yegua se rasca la cola, en un intento de aliviarse.

Lo atribuimos a parásitos (oxiuros), cuando simplemente es picor entre las mamas por suciedad.

Aunque debemos de lavar la mama, no tenemos que limpiar en exceso la zona del orificio de los pezones, ya que se forma un tapón natural que impide que entren los microorganismos. Esto es muy importante cuando la yegua empieza a desarrollar la mama, al final de la gestación.

Nunca se debe de eliminar el tapón de cera que se forma los días previos al parto.

Por eso, en cuanto la ubre se empieza a preparar para formar leche y aumenta de tamaño (3- 6 semanas antes del parto) es mejor limpiarla solo con agua, sin jabones, y así el lavado respetará las grasas y ceras naturales que protegen toda la mama y, sobre todo, el canal del pezón.

Alimentación correcta en el secado

Debemos de cambiar la alimentación de la yegua desde el momento del destete y hasta que se seque totalmente (deje de producir leche), reduciendo paulatinamente el pienso, aproximadamente hasta la mitad, eliminando total o parcialmente la alfalfa y aportando mucho heno.

Después del secado es cuando podemos aumentar la ración para recuperar el peso perdido durante la lactación, pero no antes, pues sería contraproducente.

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